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VERSION TODAVIA EN BORRADOR PROVISIONAL PRESENTADA AL IIE. FALTA COMPLETAR.

SOBRE LA RACIONALIDAD EN ECONOMÍA

(Anotaciones para un marco teórico de entendimiento de la

organización de la población en contextos de pobreza

en el Perú contemporáneo)([1])

 

Andrés Huguet Polo,

UNMSM, Lima, Perú.

huguet.sa@pucp.edu.pe

 

 

                                                "El problema es que las preguntas formula­das por el antropólogo son distintas de las del economista: el primero quiere estudiar las in­te­rrelaciones que existen dentro del conjunto de la sociedad y trata de explicar el funciona­miento de la totalidad social. El segundo se plantea un tipo distinto de problemas: está interesado por los principios lógicos que rigen la asignación de recursos para maximizar la consecución de los fines deseados, y al abordar este problema sus investigaciones se apartan del conjunto institucional que constituye el centro de interés del antropólogo"([2]).

 

 

            La cuestión de la pobreza y del comportamiento económico de los pobres tiene relación directa con el problema de la racionalidad económica. Sin embargo, lo primero que apuntamos a preguntar­nos es acerca de cómo se puede plantear la coexis­tencia de la racionalidad con la pobreza que, en última ins­tan­cia, no es sino un estado de privación, marginación y depresión del ser humano.

 

            En lo que se piensa es más bien en la irracionalidad de los sistemas económicos que dan lugar y reproducen la pobre­za (y no solamente en el plano humano y moral sino incluso en lo estrictamente económico si atendemos a la importancia del hombre como recurso productivo). Pero ello supondría hacer equivalente racionalidad económica con inexistencia de la desigualdad social y de la explotación económica, lo que -por lo menos en términos histórico-concretos- no ha funcionado así por lo menos desde el surgimiento de los sistemas basados en la apropiación del excedente por las clases dominantes ([3]).

 

            Pero tam­bién, a contraparte y en otro plano del análisis, resulta posible, consi­de­rando a los pobres como agentes econó­micos característicos, ubicar formas de conducta social y económica propias, consus­tanciales a su misma situación de lucha por la sobrevivencia, y que participan de una determina­da lógica que es posible estudiar, buscando caracterizar sus notas distintivas.

 

            Lo cierto es que, desde el ángulo de la pobreza, la cues­tión de la racionalidad económica resalta precisamente sus aristas de polémica, de ahí que sea indispensable señalar algunos de sus aspectos principales.

 

Lange y la crítica de Godelier.

           

            El tema de la racionalidad es central en el pensamiento económico, hasta un punto en que se vincula, según diversos enfo­ques, con la definición misma de la actividad económica.

           

            El surgimiento de la economía capitalista y con ella de la racionalidad empresarial en la historia económica ha sido tomado como el fundamento mismo del comportamiento económico: la preocupación por adecuar medios a fines en contextos de escasez buscando obtener el máximo beneficio a contraparte del mínimo desgaste o costo de los factores antecedentes. La ganancia capitalista ha sido tomada así implícitamente como el núcleo y motivo esencial de la economía.

 

            La generalización histórica del modo de producir capita­lista a nivel mundial, por un lado, y el predominio de una concepción etnocéntrica de la ciencia en general y en particu­lar de la economía, de otra parte, son las razones fundamenta­les para haberse llegado a absolutizar la dinámica capitalista de producir, de intercambiar y de consumir como la forma por antonomasia del comportamiento económico. Y, en contextos más recientes, y a la vista de las desigualdades mundiales entre los países, como la piedra angular y prerequisito del desa­rrollo económico.

 

            Con tal presupuesto y siendo el empresario capitalista el sujeto privilegiado del sistema económico correspondiente, resulta pertinente anotar que en la discusión de la racionalidad económica se ha tendido a subsumir dos lógicas diferentes o dos planos distintos de análisis: la lógica de los sujetos económicos y la lógica de los sistemas económicos. Es por ello útil la distinción que al respecto hace Godelier:

                       

                        "En la literatura contemporánea, el tema de la racionalidad económica se presenta bajo la for­ma de dos preguntas: 1º) ¿ En qué forma deben comportarse los agen­tes económicos en un sis­tema económico dado para alcan­zar los objetivos que se propo­nen ?.  2º) ¿ Cuál es la racionalidad del sistema económico en sí y cómo comparar­la a la de otros sistemas ?."

                       

                        "La primera pregunta tiende a volver explícita una racio­nalidad inten­cional que persiguen los in­dividuos; la segunda una racionalidad no in­ten­cional, como la capacidad de asegurar el crecimiento de los medios de producción en diversos sis­temas, la elevación del nivel de vida, etc."([4])

 

 

 

            Ni el pensamiento económico clásico ni el neoclásico  -el primero concibe al comportamiento económico como un dato constante de la naturaleza humana, el segundo se centra en la dinámica del compor­tamiento y la elección individual- han estado en con­diciones de asumir plenamente la distin­ción anterior sino que han sido más bien responsables de la con­fusión, in­capacitando el análisis para la comprensión de lógicas económicas alternativas al capitalismo, tanto en el desarrollo histórico como en la diver­sidad etnológica, como también en el enten­dimiento de la posibilidad de un sistema alternativo (socialista).

 

            Una vez más aquí también el hecho de poner de lado a la sociedad en provecho del individuo y, junto con ello, eterni­zar a éste, aparece como la crítica esen­cial a la economía políti­ca:

                                   

                        "(...) A los profetas del siglo XVIII, sobre cuyos hombros aún se apoyan totalmente Smith y Ricardo, este individuo del siglo XVIII -que es el producto, por un lado, de la disolución  de las formas de sociedad feudales, y por el otro, de las nuevas fuerzas productivas desarro­l­ladas a partir del siglo XVI- se les aparece como un ideal cuya existencia habría per­tenecido al pasado. No como un resultado his­tórico, sino como punto de partida de la his­toria. Según la concepción que tenían de la naturaleza humana, el individuo aparecía como con­forme a la naturaleza en cuanto puesto por la naturaleza y no en cuanto producto de la historia. Hasta hoy, esta ilusión ha sido propia de toda época nueva". ([5])

 

 

            Abordando la misma problemática se ha distinguido entre un enfoque material o sustantivista de la economía frente a otro formal, preocupándose el primero por el desenvolvimiento real de los sistemas económicos, privilegiando el análisis empírico -lo que Karl Polanyi extiende a lo que denomina el análisis institucional ([6])-, frente a la concepción que privilegia la lógica intencional del comportamiento de los agen­tes económicos. Es pertinente señalar que el enfoque institucional ha permitido abrir vínculos de intercambio interdis­ciplinario entre la economía y la antropología al ampliar el análisis a una pluralidad de situaciones de rela­ción entre la estructura económica y la estructura social de conjunto y, por consecuencia, a diversas lógicas de fun­cionamiento económico.

 

            La economía política -en su vertiente formalista- ha tomado la racionalidad de una manera superlativa: se trata de definir el comportamiento racional en general y al hacerlo se lo hace equivalente a lo que debe entenderse por comportamien­to económico. La economía política deja de ser así un aspecto especial de la acción social y aparece como un aspecto de toda actividad humana, sólo por el hecho de estar orientada a un fin. Así, un hombre es racional cuando persigue finalidades coherentes entre sí y cuando emplea medios apropiados a las finalidades buscadas. Se trata de la adecuación óptima de los medios a los fines.([7])

 

            Oskar Lange es quien, después de distin­guir esquemáticamente a las sociedades anteriores al capitalis­mo como partícipes de la llamada economía natural y en donde aún no impera el "principio económico", define a este último (que es la racionalidad económica en sí mismo) de la siguiente manera:

 

                        "La obtención del máximo beneficio en la empresa capitalista se realiza a través de la aplicación de cierto principio general de comportamiento que se llama principio de la racionalidad económica, o también simplemente principio económico. Se trata del principio general del comportamiento racional, en las condiciones en que el fin y los medios de la acción están cuantificados. Este principio enseña que el grado máximo de realización del fin se ob­tiene actuando de forma tal que por un gasto dado de medios se obtenga el grado máximo de realización del fin, o que por un grado dado de realización del fin, se gaste un mínimo de medios." ([8])

 

 

            De acuerdo a esta tesis el principio puede funcionar ya sea porque se consigue un máximo resultado o rendimiento o porque hay un mínimo de medios utilizados. Históricamente los ejes que marcan la aparición del llamado "principio económico" son la ac­tividad lucrativa y la ganancia (distinta de la actividad doméstica de autoconsumo), el desarrollo mercantil y los procedimientos consustanciales que son la cuantificación, el cálculo monetario y la contabilidad empresarial.

 

            Según lo anterior para este razonamiento funciona el siguiente esquema:

 

Cuadro de texto:    
   No racionalidad =  Economía natural   = actividad doméstica   = Espontaneidad   = PRECAPITALISMO   	
   
    Racionalidad  = Principio Económico  = actividad lucrativa  = cuantificación del  = CAPITALISMO 
           (Medios <-> Fines)	          		 ganancia              comportamiento

 

            Godelier ha mostrado cómo esta manera de entender las cosas desemboca en una visión apologética del capitalismo como sistema económico universal-natural. Si Smith y Ricardo con­cibieron la racionalidad económica (capitalista) como natural e invariable en la historia, Lange termina coincidiendo con ellos en el sentido de hacer recorrer a la humanidad y al conjunto de las sociedades el camino universal de la tran­sición de la economía natural a la lucrativa. Y son el empresario, el comerciante y el banquero quienes encarnan el punto culminante de esa evolución que en todo caso el socialismo perfecciona. De tal forma el fin del desarrollo lo constituiría dicha racionalidad, con lo cual se configura una visión etnocéntrica de la economía puesto que desecha toda otra posibilidad de organización económica (racional). Resulta así efectivamente que para ellos

 

                        "El reino de la razón empieza, pues, [para los clá­sicos y neoclásicos. Nota nuestra] con el sur­gimiento del capita­lismo" ([9]).

 

           

            Pero la concepción de Lange resulta susceptible de una crítica mayor aún puesto que, para este autor, de este princi­pio económico se desprenden en el desarrollo de la sociedad moder­na las bases del comportamiento en las diversas esferas de la conducta social (el señala: estrategia militar, investi­gación científica, por ejemplo). Aparece así la vida económica como punto de derivación de la totalidad social. Se cae así en un economis­mo, puesto que

 

                        "La práctica económica (por lo tanto material) está planteada como la fuente, la matriz, de toda racionalidad. Progresivamente, lo racional abarca todos los demás aspectos de la práctica social."([10])

 

 

            El hecho de que, para Lange, economista marxista, el prin­cipio de racionalidad se realice plenamente en el socia­lismo (ya que, según esta concepción, a pesar de todo el capitalismo traba el princi­pio de racionalidad) no lo exime de las críticas anotadas de economismo y de etno­centrismo.

 

El punto de vista de Polanyi.

 

            El enfoque de Polanyi tiene, en parte, la misma preocupa­ción de la crítica de Godelier al formalismo económico -tanto que el pensamiento del autor de The Great Transformation sirve no solo de base a la reflexión anotada sino a buena parte de los fundamentos realistas de la antropología económica-. Los puntos de reflexión, sintéticamente, son los siguientes:

 

            1) la concepción formal y real de la economía derivan de puntos de partida radicalmente diferentes. El significado real se desprende "de la dependencia en que se encuentra el hombre con respecto a la naturaleza y a sus semejantes para conseguir el sustento", tiene que hacer con el marco natural y social; mientras que el sentido formal tiene que hacer con la relación medios-fines, se refiere a la elección y sus leyes son las del pensamiento, frente a las otras que son las de la naturaleza.

           

            2) Sólo el significado real, por sus fundamentos, permite a las ciencias sociales construir conceptos para estudiar todas las economías que existieron o existen; a diferencia del enfoque formal que reduce a la economía al análisis de situa­ciones de escasez en donde es factible la economización. El significado formal en última instancia depende del significado real: el desenvolvimiento material de la economía proporciona el marco para el razonamiento económico de los individuos y de los agentes económicos en general.

 

            3) La economía es una actividad institucionalizada, es decir con unidad y estabilidad, lo cual depende de las "con­diciones sociales que determinan las motivaciones de los individuos". De manera tal que la economía humana está "inte­grada y sumergida en instituciones de tipo económico y extra­económico" y sólo en el curso de un análisis global puede ser adecuadamente entendida e interpretada.

 

            4) Por consiguiente el objeto de interés no es solamente el análisis de la actividad - que, para Polanyi, son movimien­tos de situación (produc­ción, transporte) y de apropiación (cir­culación, administra­ción), sino sobre todo de los proce­sos sociales a través de los cuales se halla institucionaliza­da la economía:

 

                        "El estudio del lugar cambiante que ocupa la economía en la sociedad no es, pues, más que el análisis de cómo está institucionalizada la ac­tividad económica en diferentes épocas y lugares" ([11]).

 

 

            5) Existen diversos "mecanismos de integración" que permiten en cada sociedad la producción y reproducción de bienes materiales. Estos son la reciprocidad, la redistribu­ción y el intercambio. De esta manera la forma mercantil resulta redu­cida históricamente, así como incluida estructu­ralmente ddentro de una categoría má amplia, y si bien tiende a coincidir con el capi­ta­lismo, aún es preciso distinguir, a un nivel má específico, tres tipos de intercambio (operacio­nal, acordado e inte­grador)([12])­ sien­do sólo el último de ellos el que corresponde propiamente a las reglas de determi­nación de precios según la oferta y demanda, típica del capitalismo.

 

            6) En parte como consecuencia de lo anterior y en virtud de la interrelación entre lo económico y lo extraeconómico, hay que clasificar a los sistemas económicos en: a) "incrus­ta­dos" (embe­dded) en el funcionamiento de estructuras socia­les no-económi­cas (relaciones de parentesco, relaciones polí­ticas, relacio­nes religiosas) y  b) "desprendidos" (disem­bed­ded) de las otras relaciones socia­les extraeconómicas y que son los sistemas econó­micos mercantiles. Los primeros siste­mas sólo pueden ser explicados en virtud de las reglas de los elementos extraeconómicos que le dan sentido, mientras que el sistema económico mercantil (capitalista) tiene su propia regulación inter­na.

 

La racionalidad de los agentes.

 

            Es posible distinguir dos planos en el análisis de la racionalidad económica.

 

            Uno, relacionado al funcionamiento objetivo del sistema econó­mico y que se expresa en las leyes y mecanismos de fun­ciona­miento concreto, en su desenvolvimiento real de conjunto, es decir en la dinámica de producción de los bienes materiales y en la forma de reproducción de dicho sistema.

 

            Y, el otro, vinculado a la forma como se conducen los inte­grantes del sistema económico, sus agentes, sujetos o actores y que se expresa en las reglas de comportamiento que les permiten actuar para la producción y reproducción de la vida material. Estos agentes, por encima de los postulados ideoló­gicos de las orientaciones clásicas o neoclásicas que postulan al individuo como sujeto arquetípico o la empresa capitalista como modelo organizacional por excelencia, son más bien conmunmente sujetos colectivos, sean estos fami­lias, gru­pos, estratos o clases sociales.

 

            ¿ Cuáles son las reglas que guían el comportamiento de los sujetos económicos, la racionalidad entendida en términos subjetivos ?. La distinción introdu­cida por Herbert A. Simon ([13]) resulta particularmente útil, sobre todo porque permite apreciar variabilidades y planos en dicha conducta.

 

            Una forma se denomina "racio­na­lidad proce­sal", es decir la referente al comportamiento cuando "es el resultado de una deliberación apropiada" que le permite en­frentar "situaciones problemáti­cas" y solucionarlas. Forma de racionalidad y de comportamien­to que se diferencia de la racionalidad "sustanti­va" que funciona sólo dentro de los límites impuestos por un determi­nado ambiente, es decir "por las condiciones y restric­ciones dadas". La primera supone un margen de actuación diná­mica y de iniciativa del sujeto, mientras que la segunda resulta prácticamente adaptativa y recurrente.

 

            De lo anterior deducimos entonces tres planos: 

           

            A. Racio­nalidad objetiva proveniente del sistema económi­co que impone metas, escalas de valores y medios específicos.

           

            B. Racionalidad sustantiva del sujeto que asumiendo las metas dadas resuelve situaciones específicas, reiterando las reglas de funcionamiento del sistema.

           

            C. Racionalidad procesal del sujeto que enfrenta situa­ciones problemáticas replanteando metas, readecuando fines y ejer­ciendo iniciativa.

           

            Marco de situaciones que indudablemente suministra un contexto más flexible para la comprensión del comportamiento de los sujetos económi­cos, que incluye no solamente las deter­minaciones del sistema, ni exclusivamente la asimilación y puesta en práctica del contexto ideológico y valorativo por los los actores sociales y económicos sino, lo que queremos resaltar, las peculiaridades iniciativas de los propios suje­tos que vistos así aparecen como elementos predominantemente activos.

HASTA AQUI PARCIALMENTE CORREGIDO. FALTA INTRODDUCIR NOTAS NUEVAS. IGUALMENTE TERMINAR CON LAS PARTES REFERIDAS A CONTEXTOS DE POBREZA ASI COMO HACER CONCLUSIONES DE COMO CONCEBIMOS LA RACIONALIDAD.

Los elementos y marco de la racionalidad.

 

            La racionalidad, entendida fundamentalmente como compor­tamiento derivado de una actitud mental, en cualquiera de sus formas significa un conjunto de elementos indispensables. Raimundo Prado señala que toda racionalidad tiene una estruc­tura formal común compuesta por la relación medio-fin, un saber sobre dichos fines y medios, es inteligible, supone maxi­mizaciones y minimizaciones que suponen el "orden", cuenta con agente capaz, parte de la aceptación de ciertos principios y reglas que son garantías de racionalidad y cumple una fun­ción de mediación básicamente metodológica ([14]).

 

            Aunque la preocupación central de Prado es la racionali­dad científica y no tanto el comportamiento racional como conducta social y de ésta no sólo en términos individuales sino fundamentalmente sociales y colectivos y al interior de un sistema económico y un orden social, las notas distintivas propuestas nos parecen centrales. Particularmente porque si bien se enfatiza la importancia de la relación metodológica y de corrección de procedimiento que supone la vinculación coheren­te y maximizadora-minimizadora de la adecuación medios-fines y, como también recuerda el autor remitiéndose a Kola­kowski, todo ello supone la "existencia de pautas fundamen­tales comunes a todos los seres humanos de todas las culturas y de todos los tiempos, aunque no se tenga la conciencia de la universalidad" ([15]), ello no puede negar la relatividad de los propios fines en sí mismos, de los objetivos sociales y cultu­rales buscados.

 

            Dicho de otra forma, la racionalidad es consustancial al ser humano, es el sustento de buena parte de sus actividades, incluidas las sociales y dentro de ellas las económicas. Constituye el marco lógico de la conducta, toda sociedad efectivamente buscará adecuar medios a fines y lógicamente maximizar resultados y minimizar esfuerzos y desgastes, pero a partir de la determinación primera de los valores culturales, de los principios buscados que orientarán dichas acciones.

 

            De tal forma la racionalidad actúa dentro de un marco de referen­cia relativo, aunque en su estructura supone una lógica uni­versal([16]). De lo que se trata entonces es de estudiar los marcos de referencia variables y la forma cómo se proyec­tan en la estructura de la racionalidad dando formas concre­tas.

 

            A  este respecto -la dependencia de las formas de racio­nalidad frente a fines y valores históricamente determinados y variables- tiene importancia llamar la atención sobre el énfasis que hace Weber al distinguir la "actividad racional finalista" (zweckrationalität) (acción arreglada respec­to a fines o racionalidad formal o instrumental, racio­nal en cuanto a su fin práctico) y la "acti­vi­dad racional valora­tiva" (wert­ratio­nalität) (racionalidad sustantiva o acción arre­glada respecto a valo­res o fines éticos)([17]). A pesar de que algu­nos autores como Lange ([18]) consideran, en la intención de homoge­nizar y uniformizar la racionalidad en función de su esquema centrado en el surgimiento del "principio económico" ya referido, que la racionalidad valorativa participa del mismo sentido y se subsume en la racionalidad finalista, apreciamos que, por el contrario, la distinción weberiana permite precisamente comprender, si la utilizamos en el con­tex­to de las críticas modernas a las concepciones etnocéntri­cas de la racionalidad, la integración de la racionalidad a las variaciones propias del desenvolvimiento de la cultura como realidad múltiple y diversa. No inclinamos, por consi­guiente, a proponer la posibilidad de que la racionalidad

valorativa suministra el marco general de desenvolvimiento

de la racionalidad instrumental, la cual no necesariamente coincide -como ya lo anotáramos- con la racionalidad capita­lista sino simplemente con la adecuación de medios a fines entendida en términos generales.

 

            Con las ideas anteriores, los conceptos de maximización y minimización (de objetivos y medios, respectivamente) resultan plurales en su referencia dependiendo del marco cultural y social del grupo donde actúen. De tal forma en esos contextos maximización al no ser exclusivamente optimización del benefi­cio lucrativo (capitalista y/o mercantil) puede ser también maximización de resultados en términos de grupo social de referencia, de niveles de prestigio, de red social obtenida, de consumos diferenciados, etc.

 

            Para el Perú contemporáneo se ha reflexionado en este sentido, oponiendo a una racionalidad derivada de lo que podría ser la "lógica de la situación" (Karl Popper) -es decir un concepto de racionalidad que se conjuga con la idea de equiparar racionalidad con moder­ni­dad y dinámica empresarial capitalista (rational choice)- una idea diferente de raciona­lidad basada más bien en objetivos plenamente sociales y/o políticos. Nugent propone lo que Rochabrún denomina una "ra­cionalidad comunicativa" y que se define como:

 

                        (...) aquí se habla de una racionalidad intersubje­tiva (subrayado nuestro), y que los significados de la acción social de los actores solamente se verifi­can en la medida en que refuerzan el reconocimiento intersubjetivo. Se puede equiparar racionalidad con voluntad democráti­ca consciente, con constitución autónoma de colecti­vidades. Lo que expreso aquí no es desconocido para quienes protagonizaron las prin­cipales luchas socia­les y políticas en la década de los 70. Si algo caracteriza a esos años es la veloz difusión del principio de asociación como elemento constitutivo de la vida social"([19]).

 

 

            Puede pues existir, distinta de la típica racionalidad instrumental, una racionalidad inter­subjetiva cuya raigambre solo puede comprenderse mas allá de las conductas exclusiva­mente económicas remitiéndose a la política, a la organización social, la conformación de identidades y si de modernización se trata supera la simple modernización de la economía para acometer el "modernismo de la vida social" ([20]).

 

            En otro contexto de lo que se trata es de definir una racionalidad mas allá de la consideración del sistema económi­co capitalista y de los mismos sistemas económicos y que pueda dar cuenta como síntesis de la articulación de estos aspectos con la totalidad social. Búsqueda de globalización por un lado y restablecimiento de la totalidad social por el otro. A nuestro criterio quien de manera mas concreta ha planteado esta necesidad ha sido Godelier al formular lo que debe ser una racionalidad social global:

 

                        "Por medio de la hipótesis de una correspondencia de las estructuras económicas y de las estructuras políticas encontramos de nuevo la idea de una ra­cionalidad más amplia, y de una correspondencia entre todas las estructuras de un sistema social, parentesco, religión, política, cultura y economía. Por lo tanto no existiría racionalidad propiamente económica sino una racionalidad social global, tota­lizante, una racionalidad social e histórica. Max Weber ya había intentado poner en correspondencia con la religión protestante, el capitalismo mercan­til y las nuevas formas del derecho y del pensamien­to filosófico. Esta tarea necesita, para ser fecun­da, la colaboración orgánica de distintos especia­listas de los hechos sociales, y esta colaboración implica una metodología que todavía no se elabora" ([21]).

 

            La pluralidad de situaciones en las que se desenvuelven los sectores sociales partícipes de niveles de pobreza y los contextos múltiples típicos de sociedades como la peruana en proceso de tran­sición -pensando además que la misma crisis y/o desestructu­ración o desintegración lleva elementos remisibles al concepto de transición- impone una concepción de racionali­dad que implique la complejidad anotada.

 

 



    [1] Informe presentado en el proyecto de investigación Racionalidad económica en condiciones de pobreza en el Perú actual. Instituto de Investigaciones Económicas, UNMSM, Lima, 1993.

 

    [2]. FUSFELD, Daniel B.: La teoría económica descaminada: la subsistencia de la sociedad primitiva. En: Karl Polanyi y otros: Comer­cio y Mercado en los Imperios Antiguos, cap. XVII, p. 391. Ed. Labor Universitaria.

    [3]. Lo que, lógicamente, está directamente relacionado con el reto teórico e histórico que plantea -desde el ángulo de la investiga­ción sobre la racionalidad- la existencia de econo­mías anteriores (histórica como estructuralmente) al surgi­miento de la sociedad de clases.

    [4]. GODELIER, Maurice: Racionalidad e Ir­racionalidad en Economía, p. 11. F.C.E.

    [5] MARX, Carlos: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Introducción, p. 5.  Ed. Siglo XXI

    [6]. POLANYI, Karl: Comercio y Mercado en los Imperios An­tiguos. Ed. Labor Universitaria.

    [7]. Si bien el planteamiento anterior es común a la teoría económica, existen posiciones como la de F. A. Hayek que toma distancia relativa, sin embargo sin dejar de identificar actividad economica con racionalidad: "yo diría que el supues­to de racionalidad implica que las mentes de los demás son similares a las nuestras. Por esta razón, uno puede entender los fenómenos hasta cierto punto. Pero esto no es entender en detalle. Nunca sabemos qué tipo de procesos están presentes en la mente de las personas en momentos particulares; en conse­cuencia, todo lo que podemos alcanzar a entender es la mani­festación general de un proceso, pero no sus características particulares en un momento determinado.(...) El comportamien­to racional no es una premisa de la teoría económica, aun cuando normalmente se presenta como tal [subrayado nuestro]. El punto esencial que debe entenderse es que la competencia fuerza a la gente a actuar racionalmente si está dispuesta a mantener su posición o si aspira a mejorarla". "Un diálogo con el profesor Hayek, F. A." En: PIZARRO, Diego (Comp.): Algunos creadores del pensamiento Económico Contemporáneo. Se trata indudable­mente de un punto de vista diferen­te, por ejemplo, al de Ludwig von Mises quien identifica acción humana con acción racional y a la economía como partí­cipe en esencia de dicha actividad de cálculo.

    [8]. LANGE, Oskar: Economía Política. T. I, c. V, Ed. Fondo de Cultura Económica

    [9]. GODELIER, MAURICE: Op, cit., p. 18. Ed. Siglo XXI.

    [10]. Loc. Cit., p. 19.

    [11]. POLANYI, Karl: Op. Cit, p. 295.

    [12]. "el movi­miento puramente físico de un "cambio de lugares" entre los sujetos (intercambio operacional); los movimientos apro­piati­vos de intercambio, a una equivalencia fija (intercambio acordado) o a una equivalencia negociada (intercambio integra­dor)". Op. cit, p. 300.

    [13]. SIMON, Herbert A.: De la racionalidad sustantiva a la procesal. En: Frank HAHN & Martín HOLLIS (Comp), Filosofía y Teoría Económica, p.135 y ss. FCE.

    [14]. PRADO, Raimundo: Acerca de la racionalidad científi­ca. En: Alma Mater, Nº 1, pp. 34-35.

    [15]. PRADO, Raimundo: Loc. cit.

    [16]. Por cierto está fuera de discusión el necesario sustento mate­rial de toda escala de valores y de objetivos culturales que tienen los diferentes grupos sociales, aspecto que históricamente ha sido dejado de lado por las concepciones estructural-funcionalistas en sociología o culturalistas en antropología y que en este aspecto no compartimos.

    [17]. Economía y Sociedad, t. I. FCE. En la definición hemos conbinado las tipificaciones presentadas por Raimundo Prado (Loc. cit.) a partir del texto de Weber (1984) La acción social: ensayos metodológicos. Barcelona, Península., que supone precisiones terminológicas en función de la traducción del mismo texto de Weber.

    [18]. Loc. cit.

    [19]. NUGENT, José Guillermo: La construcción de la vida en el Perú como identidad histórica moderna. En: El Conflicto de las sensibi­lidades. Propuesta para una investigación y crítica del siglo XX peruano". Instituto Bartolomé de las Casas. Rímac. 1991. y también ROCHABRUN, Guillermo: Del mito proleta­rio al mito popular (Notas sobre el caso peruano). En: Lo Popular en América Latina ¿ una visión en crisis ?. Desco, 1992.

    [20]. NUGENT, J.G.: Loc. cit.

    [21]. GODELIER, Maurice: Racionalidad e irracionalidad en Economía. F.C.E. 1982, 10a. ed; p. 311.


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